La monumentalidad de Eddie

11 de Marzo, 2022 | Capítulo 15

Por Marcelo Nieto

Para referenciar la obra de Eddie Torre, enfocamos tres obras emblemáticas de la Ciudad de las Esculturas: Chaco naciente, Monumento a la hispanidad y General José María Paz. Obras que comparten su sello épico y monumental.

 

La escultura- mural General José María Paz en una pared lateral del Colegio Nacional de Resistencia (que tiene por patrono a Paz) es su figura idealizada, que se manifiesta fuera del tiempo/circunstancia; el guerrero va desnudo al encuentro de una batalla no terrestre sino celestial, montado en un caballo tricéfalo. Hay un sol y un pájaro, únicos elementos de paisaje y el tono excluyente es cobrizo.

El General José María Paz,
idealizado con fuerza homérica.

La dimensión grandiosa de la obra, causa admiración.

 

Diferente admiración cuando uno se enfrenta al monumento del Quijote y su escudero -un presente de la comunidad española a Resistencia-. Las figuras ecuestres escapan al hieratismo de Torre. Aquí hay intimismo en ese Sancho cansino y desgarbado, aunque ya Quijote-con los bríos de la locura- e igualmente su caballo, adquieren el porte helénico que caracteriza su estilo. Sin dejar de ser simpáticos antihéroes que resumen el espíritu de la hispanidad: nobleza y dignidad. Dos palabras que definen igualmente a las figuras del grupo escultórico: Chaco naciente.

Quijote y Sancho: la psicología del dúo magistralmente captada.

Más conocido como Monumento a los Inmigrantes, la obra amaneció en los festejos del centenario de Resistencia, originalmente de hierro, fue “rehecha” 40 años después por el mismo Torre reemplazando el vulnerable material por cobre soldado en plata.

“Chaco Naciente”, obra en homenaje a los primeros inmigrantes italianos inaugurada
en 1978, en ocasión del centenario de Resistencia.

Con 82 años arremetió este desafío. Y debió ser ocasión de orgullo para el artista que restauraba su obra cuatro décadas después, y que había devenido símbolo de la colonización de Resistencia ¿Habrá sido ocasión de mirar hacia atrás, viendo su derrotero?

 

Eddie Julio Torre nació en Los Cóndores, pueblo enclavado en las sierras de Calamuchita, en el invierno de 1931. Era un niño solitario y tímido y se expresaba modelando la arcilla, pintando con lápices de colores.

 

Consultado acerca de su iniciación en el arte dijo en alguna oportunidad: “fue una revelación metafísica” y “búsqueda permanente de respuestas para preguntas fundamentales”

 

A los 18 años tras pasar por la Academia, buscando las raíces para su identidad artística comenzó un viaje iniciático por Sudamérica y también se sucedieron muestras plásticas en Brasil -donde conoció a un maestro, Carybé, quedando un tiempo abrevando de él-, Perú, Bolivia y Chile.

 

A los 29 años llegó al Chaco, tierra cuya aspereza lo cautiva. Un periodista le preguntó por qué eligió el Chaco; “Siempre he tenido la idea de trabajar sobre temas nacionales y creyendo que el Chaco con su fuerza telúrica es un lugar de importancia para el desarrollo del mismo, he venido a Resistencia. Hizo aquí su vida, cultivo la amistad, se fue haciendo chaqueño.

 

Una fotografía de 1958, lo muestra en el taller de su amigo Ercilio Castillo, haciendo cerámica, una de sus pasiones. En alguna instancia conformó el grupo Gualamba integrado por Juan Carlos Soto, Oscar Sánchez y Lorenzo Ávalos. Dirigió por 33 años el Taller de Artes Visuales de la Universidad Nacional del Nordeste.

 

Autodidacta, le fue próxima la cerámica, la talla, la chapa, el cemento, el óleo, la pictografía digital (enamoramiento de los últimos tiempos). La crítica elogió su obra. Expuso en galerías de renombre de Buenos Aires como Arthea, AMC Gallery, y también con éxito en California, Milán y Punta del Este.

 

Se han descripto tres obras íconos de Torre en el espacio público pero no se puede sesgar otra monumentalidad torreana: el conjunto religioso que enjaeza el altar de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Villa San Martín.

 

Se trata de las esculturas El dragón a los pies de San Juan y San Lucas –de 6 metros de atura cada una- que ladean la imagen central: la Virgen en su Asunción.

 

Por este grupo escultórico en 1979 en un concurso internacional en Munich, Eddie Torre fue incorporado como miembro permanente de la Sociedad Internacional de Artistas Cristianos.

 

Una penosa situación judicial a mediados de 2013, obligó a Torre dejar su casa- museo- taller. “Eddie junto a su esposa, sus obras y su perro dejaron la casa el sábado”, dijo su abogado patrocinante. Triste partida; inapropiado fin de ciclo.

 

Supo decir hace muchos años, cuando recién había llegado a Resistencia, “Un artista no hace proyectos sino que es proyectado por las fuerzas superiores del espíritu”.

 

Con su arte triunfal, con la presencia tajante de sus obras, Eddie tiene eternidad en Resistencia.

 

Contenidos: Virgina Quirelli

Arte: Brian Ariel Dufek

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11 de Marzo, 2022 | Capítulo 15

Por Marcelo Nieto

Para referenciar la obra de Eddie Torre, enfocamos tres obras emblemáticas de la Ciudad de las Esculturas: Chaco naciente, Monumento a la hispanidad y General José María Paz. Obras que comparten su sello épico y monumental.

 

La escultura- mural General José María Paz en una pared lateral del Colegio Nacional de Resistencia (que tiene por patrono a Paz) es su figura idealizada, que se manifiesta fuera del tiempo/circunstancia; el guerrero va desnudo al encuentro de una batalla no terrestre sino celestial, montado en un caballo tricéfalo. Hay un sol y un pájaro, únicos elementos de paisaje y el tono excluyente es cobrizo.

El General José María Paz,
idealizado con fuerza homérica.

La dimensión grandiosa de la obra, causa admiración.

 

Diferente admiración cuando uno se enfrenta al monumento del Quijote y su escudero -un presente de la comunidad española a Resistencia-. Las figuras ecuestres escapan al hieratismo de Torre. Aquí hay intimismo en ese Sancho cansino y desgarbado, aunque ya Quijote-con los bríos de la locura- e igualmente su caballo, adquieren el porte helénico que caracteriza su estilo. Sin dejar de ser simpáticos antihéroes que resumen el espíritu de la hispanidad: nobleza y dignidad. Dos palabras que definen igualmente a las figuras del grupo escultórico: Chaco naciente.

Quijote y Sancho: la psicología del dúo magistralmente captada.

Más conocido como Monumento a los Inmigrantes, la obra amaneció en los festejos del centenario de Resistencia, originalmente de hierro, fue “rehecha” 40 años después por el mismo Torre reemplazando el vulnerable material por cobre soldado en plata.

“Chaco Naciente”, obra en homenaje a los primeros inmigrantes italianos inaugurada
en 1978, en ocasión del centenario de Resistencia.

Con 82 años arremetió este desafío. Y debió ser ocasión de orgullo para el artista que restauraba su obra cuatro décadas después, y que había devenido símbolo de la colonización de Resistencia ¿Habrá sido ocasión de mirar hacia atrás, viendo su derrotero?

 

Eddie Julio Torre nació en Los Cóndores, pueblo enclavado en las sierras de Calamuchita, en el invierno de 1931. Era un niño solitario y tímido y se expresaba modelando la arcilla, pintando con lápices de colores.

 

Consultado acerca de su iniciación en el arte dijo en alguna oportunidad: “fue una revelación metafísica” y “búsqueda permanente de respuestas para preguntas fundamentales”

 

A los 18 años tras pasar por la Academia, buscando las raíces para su identidad artística comenzó un viaje iniciático por Sudamérica y también se sucedieron muestras plásticas en Brasil -donde conoció a un maestro, Carybé, quedando un tiempo abrevando de él-, Perú, Bolivia y Chile.

 

A los 29 años llegó al Chaco, tierra cuya aspereza lo cautiva. Un periodista le preguntó por qué eligió el Chaco; “Siempre he tenido la idea de trabajar sobre temas nacionales y creyendo que el Chaco con su fuerza telúrica es un lugar de importancia para el desarrollo del mismo, he venido a Resistencia. Hizo aquí su vida, cultivo la amistad, se fue haciendo chaqueño.

 

Una fotografía de 1958, lo muestra en el taller de su amigo Ercilio Castillo, haciendo cerámica, una de sus pasiones. En alguna instancia conformó el grupo Gualamba integrado por Juan Carlos Soto, Oscar Sánchez y Lorenzo Ávalos. Dirigió por 33 años el Taller de Artes Visuales de la Universidad Nacional del Nordeste.

 

Autodidacta, le fue próxima la cerámica, la talla, la chapa, el cemento, el óleo, la pictografía digital (enamoramiento de los últimos tiempos). La crítica elogió su obra. Expuso en galerías de renombre de Buenos Aires como Arthea, AMC Gallery, y también con éxito en California, Milán y Punta del Este.

 

Se han descripto tres obras íconos de Torre en el espacio público pero no se puede sesgar otra monumentalidad torreana: el conjunto religioso que enjaeza el altar de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Villa San Martín.

 

Se trata de las esculturas El dragón a los pies de San Juan y San Lucas –de 6 metros de atura cada una- que ladean la imagen central: la Virgen en su Asunción.

 

Por este grupo escultórico en 1979 en un concurso internacional en Munich, Eddie Torre fue incorporado como miembro permanente de la Sociedad Internacional de Artistas Cristianos.

 

Una penosa situación judicial a mediados de 2013, obligó a Torre dejar su casa- museo- taller. “Eddie junto a su esposa, sus obras y su perro dejaron la casa el sábado”, dijo su abogado patrocinante. Triste partida; inapropiado fin de ciclo.

 

Supo decir hace muchos años, cuando recién había llegado a Resistencia, “Un artista no hace proyectos sino que es proyectado por las fuerzas superiores del espíritu”.

 

Con su arte triunfal, con la presencia tajante de sus obras, Eddie tiene eternidad en Resistencia.

 

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Arte: Brian Ariel Dufek

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